domingo, 11 de enero de 2026

NO EXISTEN ZAPATOS DIFÍCILES SINO MAL CONJUNTADOS

 


Cuando nos salimos de los zapatos más convencionales, siempre se suele escuchar una frase que se repito con frecuencia: “estos son muy difíciles de combinar”.

La verdad es que en muchos casos, no es así, no existen zapatos difíciles de combinar, sino que existen conjuntos mal construidos.


Y es que el problema nunca está en el zapato, sino en todo lo que se ha decidido, o improvisado, alrededor de él. Un zapato puede ser verde, burdeos, bicolor, de piel exótica, con hebillas, con puntera contrastada o con una presencia tan fuerte que casi parece distorsionar, y aun así integrarse con una elegancia impecable en un conjunto bien pensado. Basta observar algunas de las combinaciones que acompañan este artículo: zapatos que, sobre la mesa, podrían parecer extravagantes y que, una vez puestos en contexto, resultan extraordinariamente naturales.

Un zapato llamativo no debe convertirse es el solista de la sinfonía, sino que debe ser un instrumento más dentro de la orquesta, ya que solo funciona si los demás instrumentos lo sostienen.


Las normas que considero básicas en este sentido son las siguientes:

1º) El color del zapato se rebaja con los tonos del conjunto.

Cuando vemos esos Oxford de colores llamativos o con piel exótica, o los monkstrap bicolores, lo primero que llama la atención es su fuerte carácter, por lo infrecuentes que son. Pero inmediatamente después aparece el resto del conjunto, que armoniza perfectamente con pantalones en tonos tranquilos o chaquetas sobrias. Todo está ahí para intentar que el zapato destaque, pero sin desentonar. El zapato es, sin duda, el protagonista, pero el conjunto le ofrece un amparo apropiado, a modo de escenario digno. Por lo tanto, la primera regla es que el conjunto rebaje el tono excesivamente llamativo del zapato.


Un error habitual en estos casos, es pensar que combinar consiste en copiar colores, y no es así. Combinar es hacer que las prendas interactúen, sin necesidad de tener que repetir tonos idénticos.

Mirad este ejemplo de la ilustración. El zapato verde con detalles burdeos y marrones no está solo, sino que armoniza con una chaqueta blazer verde oscuro, con un pantalón beige de tono suave y con una corbata amarilla que acompaña en un interesante equilibrio cromático. (Por cierto: estos zapatos me los hicierion en Umber Shoes, una excepcional marca española que lamentablemente no ha sido suficientemente valorada).

Además, conviene recordar algo esencial, y es que los colores fuertes siempre agradecen fondos que transmitan calma. Los tonos como el gris, beige, azul marino, crudo, verde oscuro, uncionan como fondo ideal sobre el que el zapato puede expresarse con naturalidad sin saturar el conjunto.


2º) Cuanto más atrevido el zapato, más clásica la silueta

Este es uno de los secretos menos comentados y más importantes. Cuando el zapato es atrevido, el resto del atuendo debe volverse más clásico.es decir, chaqueta bien cortada, pantalón recto, sin artificios y camisa clásica sencilla.

Es como colgar un cuadro de cromatismo muy potente, que obliga a que el marco deba ser discreto. Si todo intenta destacar, el resultado no funciona, porque sólo puede destacar un elemento del conjunto, y no cada prenda.

3º) El calcetín se convierte en el diplomático del conjunto

El calcetín suele parecer un detalle menor e irrelevante, pero en estas combinaciones cumple una función esencial, ya que es el que hace de mediador.

Puede recoger el tono del zapato, puede acercarse al pantalón o puede suavizar el contraste entre ambos. Un calcetín burdeos entre zapato verde y pantalón claro, por ejemplo, actúa como puente cromático. Y cuando eso ocurre, el conjunto fluye sin esfuerzo.

Estos zapatos tan expresivos funcionan especialmente bien en contextos sociales, en fines de semana urbanos, en entornos creativos, en reuniones informales donde se valora el estilo personal.

En definitiva, el gran error es intentar, a toda costa, justificar el zapato porque esta postura supone que no lo llevamos con naturalidad y demostramos una evidente falta de confianza  

En resumen, no hay zapatos imposibles, sino elecciones poco meditadas o desacertadas, toda vez que, cuando se combina bien, incluso el calzado más llamativo deja de parecer extravagante y se convierte, simplemente, en una declaración de estilo y personalidad.

LUCIO RIVAS

2 comentarios:

  1. Buenos días,

    La verdad que no es un zapato para mi, soy bastante más clásico. He intentado ver la web de Umber, pero no lo he conseguido, reenvía a facebook e Instagram y de esas aguas no bebo.

    Gracias por su interesante publicación Sr. Rivas.

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    1. Muchas gracias estimado Eneko. desgraciadamente Umber hace tiempo que ha dejado de fabricar sus magnificos zapatos. Celebro muy sinceramente que le haya gustado el artículo. Reciba un saludo muy cordial.

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