sábado, 17 de enero de 2026

LA CHAQUETA COWICHAN

 


Hay prendas que no necesitan presentación. Una de ellas es la chaqueta Cowichan, que pertenece a esa categoría tan poco frecuente de ropa que parece haber nacido ya con historia. Es una prenda que no se limita solamente a abrigar el cuerpo, sino que siempre trasmite algo más de su portador.

El Cowichan nace en la isla de Vancouver, entre las comunidades indígenas de la nación Cowichan, en la Columbia Británica. Durante generaciones se tejió a mano con lana sin hilar del todo. Es gruesa, resistente al viento y al agua, pensada para pescadores, cazadores y viajeros del Pacífico Norte. No es nada ligera, sino todo lo contrario.

Y esa herencia se siente aún hoy, y se nota en el peso, en la densidad del tejido y en la manera en que cae sobre los hombros. No es una prenda de carácter urbano, sino que tiene un marcado carácter rústico, pero en los años 70 se hizo popular en ámbitos urbanos, por lo que no distorsiona en la urbe.

El tejido Cowichan no es formal, pero sin embargo es una prenda que se ha convertido de manera natural en algo más serio de lo que era antes. Esto lo ha convertido en una prenda muy versátil, por lo que puede vestirse con pantalón franela gris o marrón, con pantalón de pana o con vaqueros.

La chaqueta Cowichan se entiende, sobre todo, a través de su dibujo y su color. No son adornos ni caprichos gráficos son la identidad de la prenda.

Si la textura gruesa es lo primero que llama la atención, lo segundo es su dibujo. Cada motivo responde a una tradición que mezcla cultura indígena y estética occidental.

A diferencia de otros jerséis estampados europeos, el diseño Cowichan no nace para decorar, sino para identificar. Los pueblos originarios de la isla de Vancouver utilizaban el dibujo como una forma de narración del clan, la naturaleza, los oficios e incluso valores espirituales.

Por eso, cuando hablamos de los dibujos Cowichan, no hablamos de estampados, sino de motivos simbólicos.

Los motivos animales son los mas habituales y los más reconocibles. Es frecuente ver reproducidas águilas que suelen aparecer con alas extendidas, ocupando gran parte del frontal o la espalda. Frecuentemente se representan búfalos u osos con dibujos casi geométricos. También los lobos son un patrón muy repetido. Hay animales marinos como ballenas y orcas, que están profundamente ligadas a la cultura costera.

Por otro lado, hay dibujos geométricos y totémicos, que son más abstractos, pero igual de tradicionales. Líneas en zigzag, rombos, grecas y patrones repetidos que evocan montañas, agua, caminos o ciclos naturales.


Estas Cowichan suelen ser más fáciles de integrar en un vestuario clásico masculino, porque el dibujo no acapara toda la atención.

Por último no es infrecuente encontrar motivos mixtos que combinan animales y geometría. Por ejemplo, un oso central flanqueado por bandas de rombos o grecas laterales.

En cuanto al color, el clásico es el crudo o marfil de la lana sin teñir, base de muchas piezas originales, es el tradicional. También las hay de color marrón y gris que son prendas más sobrias.

El contraste suele ser de fondo claro con dibujo oscuro o viceversa. No hay degradados ni juegos cromáticos complejos. Y es que, además, la lectura del dibujo debía ser clara incluso a distancia.

Con la popularización de la prenda comenzaron a aparecer tonos ocre y verde, con dibujos más libres y menos simbólicos. Estas versiones pueden ser interesantes, pero conviene saber que se alejan del espíritu original. 

Esta chaqueta siempre se ha tratado como una prenda de tipo “hippie” o excesivamente informal. A decir verdad, yo siempre la he conceptuado como tal, quizá porque aún guardo en mi memoria al actor Paul Michael Glaser siempre vistiendo una chaqueta Cowichan interpretando al personaje del detective David Starsky en la célebre serie de cuando yo era niño de Starsky y Hutch, una de las series más populares de la historia de la televisión.


En cuanto a las combinaciones la Cowichan no debe combinarse con pantalones demasiado finos, camisetas o calzado ligero, ya que en estos casos el conjunto pierde todo el poder que transmite.

Esto convierte al tejido Cowichan en una prenda única, porque logra el difícil equilibrio de ser primitivo y étnico, a la vez que versátil e interesante.  

Debe llevarse en otoño e invierno. Es la prenda perfecta en fines de semana fríos tanto urbanos como campestres, aunque para ser sincero yo la he utilizado mucho cuando era joven como prenda para estar por casa en invierno a modo de cálido batín. 

En el fondo la chaqueta Cowichan no es moda. Es más, hoy puede ser conceptuado como la antítesis de la moda, todo lo contrario que en los años 70 del siglo pasado.

La chaqueta Cowichan no nació para ser elegante, sino que surgió como prenda funcional para resistir el frío, viento, humedad y jornadas largas al aire libre. Su informalidad es auténtica y no artificial. No es informal en el sentido moderno del término, sino doméstica y artesanal, podríamos decir casi primitiva. Durante décadas fue una prenda de trabajo y de abrigo rural, ajena por completo a cualquier discurso de estilo. Sin embargo, en los años 70 ocurrió algo curioso, y es que el tejido Cowichan se convierte en un símbolo, y quien no llevaba esta chaqueta no seguía la onda de la modernidad imperante.


En pleno auge del movimiento hippie la rebeldía que provocaba el rechazo a la rigidez del traje tradicional, la búsqueda de lo natural, de lo artesanal, obligaba a la búsqueda de ropa con raíces auténticas, y lo encontró en el tejido Cowichan. Y es que lo tenía todo: estaba hecho a mano con lana natural sin tratar, con dibujos inspirados en la naturaleza, y sin ningún rastro de producción en masa. Además, al tener cierto volumen y peso, no generaba ninguna preocupación por la silueta perfecta, por lo que resulta válido para hombres y mujeres. 

Para los jóvenes de la época, el Cowichan era más que un simple abrigo, suponía un manifiesto ideológico.

Se llevaba abierto, sobre camisetas gastadas, con vaqueros deshilachados, botas viejas o deportivas y el pelo largo. Era la negación del traje, de la oficina, del mundo ordenado de sus padres. Desde entonces, mucha gente sigue asociándolo a lo bohemio, lo artístico y lo alternativo. Y, la verdad es que, ese eco rebelde setentero todavía se percibe en la prenda.

LUCIO RIVAS

 

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