El príncipe Miguel de Kent, hijo
del duque Jorge de Kent y de la princesa Marina de Grecia y Dinamarca, ocupa un
lugar peculiar en la familia real británica. No es heredero directo al trono, ni
desempeña funciones oficiales remuneradas por el Estado. Esta posición de
relativa independencia institucional de la monarquía más protocolaria le ha
dado la capacidad de vestir como le place.
I. UN PRÍNCIPE FUERA DEL CANON
El príncipe Miguel de Kent no viste
como sus parientes más cercanos. El rey Carlos III practica una elegancia
sobria y funcional y el duque de Edimburgo era la quintaesencia de la moderación
militar, mientras que el príncipe Miguel de Kent ha construido a lo largo de
décadas un estilo sartorial de una coherencia y una singularidad que lo sitúan
entre los hombres mejor vestidos de su generación en el Reino Unido, con
independencia del rango o del apellido.
Su estilo no es el resultado de
ningún estilista, de ninguna campaña de imagen ni de ninguna presión
institucional. Es la expresión natural de un hombre que descubrió muy joven lo
que quería llevar, encontró los artesanos capaces de hacerlo y ha mantenido esa
visión con una fidelidad que el paso del tiempo no ha conseguido erosionar.
II. DAVIES & SON: UNA LEALTAD DE SEIS DÉCADAS
La historia sartorial del
príncipe Miguel de Kent comienza a los quince años, cuando encargó su primer
traje en Davies & Son, una de las casas históricas de Savile Row con raíces
que se remontan al siglo XIX. No ha cambiado de sastre desde entonces. Esta
fidelidad de más de seis décadas a la misma casa es la clave que explica lo inalterable de su imagen.
III. LA CAMISA COMO PROTAGONISTA
En el guardarropa de la mayoría
de los hombres bien vestidos, la camisa cumple una función que podríamos
denominar de soporte. Por el contrario, para el príncipe Miguel de Ken, la
camisa es un papel protagonista y participa activamente en el conjunto.
Sus camisas, procedentes en su mayor parte de Turnbull & Asser, la gran camisería de Jermyn Street que lleva más de un siglo vistiendo a la realeza y a la aristocracia británica, presentan una gama cromática que pocos hombres se atreverían a defender con igual naturalidad. Rayas bengala en combinaciones de color inusuales, cuadros de escala generosa en tonos que en otra composición resultarían difíciles, lisos en azules intensos, verdes apagados o rosas envejecidos que en sus manos no resultan extravagantes sino perfectamente calibrados:
Lo que unifica toda esa variedad cromática y la convierte en un sistema coherente es el cuello. Y el cuello del príncipe Miguel de Kent merece una atención particular, porque es probablemente el elemento más técnico, y más característico de su estilo, aunque casi nunca bien entendido.
Se trata de un cuello de abertura
extraordinariamente amplia, con puntas largas y abiertas que forman un ángulo
muy obtuso, próximo casi a la horizontalidad, dejando un espacio central de
nudo de dimensiones inusuales incluso en el contexto de la camisería a medida
de mayor tradición. Este cuello no es convencional, es algo más extremo ya que
está diseñado expresamente para alojar un nudo de gran volumen, que recuerda la
estilo de los años 70.
La relación entre el cuello y el nudo en la camisería a medida es una de las cuestiones técnicas más delicadas y menos discutidas del vestir masculino clásico. Un nudo grande en un cuello estrecho produce un efecto de estrangulamiento que ninguna calidad de corbata puede compensar. Un nudo pequeño en un cuello muy abierto produce el efecto contrario, esto es, el nudo parece flotar en un espacio que lo hace parecer insignificante. La proporción correcta entre ambos es un cálculo que el príncipe Miguel y sus camiseros de Jermyn Street han resuelto con gran precisión. El nudo está en su sitio porque el cuello ha sido construido para ese nudo, y esa correspondencia exacta es lo que produce la sensación de que el conjunto no podría ser de ninguna otra manera.
Hay además una consecuencia
visual del cuello amplio que rara vez se menciona pero que es fundamental para
entender por qué funciona en el caso específico del príncipe Miguel. Un cuello
de abertura muy generosa enmarca la barba de manera completamente diferente a
como lo haría un cuello más cerrado. Donde el cuello convencional crea una
transición brisca entre el tejido de la camisa y la barba, produciendo a veces
una sensación de acumulación en la zona del mentón. El cuello amplio abre ese
espacio y permite que la barba respire visualmente. De este modo la barba
parece parte del rostro y no parte del atuendo, que es el efecto buscado.
IV. LA CHAQUETA CRUZADA
Si existe una prenda que define
el estilo del príncipe Miguel de Kent con mayor claridad que ninguna otra, esa
es el traje de chaqueta cruzada. Ha llevado modelos de diferentes
configuraciones a lo largo de los años, desde el dos por tres de inspiración más
formal hasta el uno por dos de carácter más relajado, pero siempre con las
mismas constantes, esto es, solapas anchas con punta pronunciada, proporciones
generosas sin caer en el exceso, y una manera de llevarlo que tiene algo de la
tradición naval que tanto le pertenece por su cargo de Comodoro en Jefe de la
Reserva Naval Real:
V. LA BARBA
La barba del príncipe Miguel de
Kent posee referencias muy precisas. Su abuela materna era prima del zar
Nicolás II de Rusia, y el parecido físico del príncipe con el último zar, barba
incluida, ha sido señalado de manera consistente a lo largo de los años. La
barba de Nicolás II era, a principios del siglo XX, la barba de un hombre que
ejercía la máxima autoridad, y la del príncipe Miguel tiene algo de esa misma
energía.
Desde el punto de vista del vestir la barba tiene consecuencias prácticas muy directas sobre el resto del conjunto, ya que, como hemos dicho, exige cuellos de camisa de mayor apertura para que el cuello no quede visualmente estrangulado entre el tejido de la camisa y el tejido de la barba. Exige solapas más anchas para que la zona del pecho guarde proporción con la zona del rostro. Y demanda nudos de corbata de mayor volumen para que la corbata pueda verse por encima de la barba sin parecer un hilo perdido bajo el mentón.
VI. EL NUDO DE CORBATA
El nudo de corbata del príncipe
Miguel de Kent es, posiblemente, el elemento de su estilo que más debate ha
generado en los círculos sartoriales y el que más claramente ilustra su
personalidad en el vestir.
El nudo es grande. Notablemente
grande. Casi esférico en su volumen, semiapretado de manera que conserva una
ligera asimetría natural, construido sobre corbatas de seda de jacquard en
tonos y texturas de gran riqueza, siempre sobre camisas de cuello amplio y
generosa abertura. Es un nudo que, en cualquier otro contexto, produciría un
efecto de desproporción. En el suyo produce la sensación de que ese nudo solo
puede pertenecer a ese hombre y a ese conjunto.
VII. EL UNIFORME MILITAR
El príncipe Miguel de Kent ha
servido en el Ejército durante veinte años, vistiendo el uniforme del 11th
Hussars, conocido por sus pantalones de color cereza, uno de los uniformes
militares más singulares y más cargados de historia de la tradición militar
británica. Esta experiencia ha dejado una huella permanente en la manera en que
entiende el vestir y en la precisión con que gestiona cada elemento del
conjunto.
Los uniformes de gala que lleva
en sus funciones como Comodoro en Jefe de la Reserva Naval Real y en otros
actos de representación militar son, como corresponde a su rango y a su
trayectoria, piezas con una carga simbólica considerables. Y los lleva con la
soltura de quien ha pasado décadas vistiendo de uniforme que, en sus manos,
tiene la misma naturalidad que el traje de calle, lo que es en sí mismo una
forma muy precisa de elegancia:
La influencia del uniforme sobre el traje de calle es también reconocible. Así, el hombro acordonado, u hombro roped, de Davies & Son, la postura erguida que no abandona incluso en los contextos más informales, provoca una elegancia natural muy difícil de superar.
VIII. EL REGISTRO DE CAMPO
Existe una dimensión del estilo
del príncipe Miguel de Kent que el traje de Davies & Son y la corbata de
gran nudo no alcanzan a mostrar por completo, y es la de su atuendo en el
contexto rural, el del fin de semana en la finca, y las tradiciones del campo
inglés que la aristocracia británica ha cultivado durante generaciones. En este
registro, el príncipe Miguel conserva el mismos estilo que aplica al traje de
ciudad, pero con sus propias reglas.
La chaqueta de tweed con
bolsillos de parche es la pieza que mejor resume este registro. Frente al rigor
del traje de Savile Row, la chaqueta de campo transmite una imagen más relajada.
Bajo la chaqueta suele llevar un jersey de pico e introduce una nota de color que
armoniza con el tono del tweed, y siempre con la corbata de lana.
Su estilo es siempre fiel a sus principios y, por lo tanto, de absoluta coherencia con su estilo irrenunciable. Por ello el estilo del príncipe Miguel de Kent no depende del contexto en el que se mueva, sino que se adapta a él sin perder sus principios. El mismo criterio que elige el chalk stripe para el traje de Davies & Son, lo elige el glen check para la chaqueta de tweed. El mismo instinto que armoniza la relación entre cuello y nudo de corbata en la ciudad, lo hace en la relación entre jersey, corbata de lana y tejido de la chaqueta en el campo. Es la prueba de que su elegancia no es más que una manera de pensar el vestir que se aplica con igual rigor en cualquier escenario en que se encuentre:
IX. PERSONALIDAD
El príncioe Miguel de Kent no ha
seguido las tendencias, no ha reducido sus nudos de corbata cuando el
minimalismo se impuso en la sastrería, no ha abandonado sus cuellos amplios
cuando la camisa de cuello pequeño se convirtió en el ejemplo a seguir. Ha
vestido exactamente igual durante cincuenta años y el tiempo, lejos de
envejecer su estilo, lo ha convertido en una referencia que los aficionados al
vestir clásico citan con una admiración que ninguna campaña publicitaria podría
comprar.
El príncipe Miguel de Kent no
viste para gustar, viste para ser él. Y esa diferencia es la que separa al
hombre elegante del hombre bien vestido.
LUCIO RIVAS













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