El reloj es siempre parte del atuendo. No se debe considerar un simple accesorio de uso funcional, sino un complemento que, como la corbata o los gemelos, dice mucho sobre quien lo lleva y sobre la ocasión para la que se viste. Esa premisa, que en invierno se aplica con mayor facilidad, se complica en verano.
El error más extendido es creer
que un reloj bueno sirve para todas las ocasiones. No es así. Un reloj de
pulsera que no se utiliza correctamente puede arruinar el conjunto más
esmerado, exactamente igual que una corbata equivocada o unos gemelos fuera de
lugar. El verano no cambia ese principio. Solo añade una variable nueva: el
calor.
II. EL PROBLEMA DE LA CORREA DE
PIEL EN VERANO
La correa de piel clásica es la
opción de mayor formalidad y la más adecuada para el traje de ciudad. En
invierno y en entretiempo no plantea ningún problema, pero en verano, sí.
El sol y el sudor deterioran la
piel desde dentro. La humedad ablanda las capas interiores de la correa, el
hilo de costura se va aflojando y el reverso, que está en contacto directo con
la piel, acaba desprendiéndose o adquiriendo un aspecto y, en ocasiones, un
olor que obligan a sustituirla antes de tiempo. Una correa de piel de calidad
puede durar años en condiciones normales de uso. En un verano de calor intenso,
su vida útil se reduce considerablemente.
A esto se añade la incomodidad. Una correa de piel empapada
de sudor sobre la muñeca no es nada agradable. Pero, la solución no es dejar el
reloj en casa.
III. LAS OPCIONES DE CORREA PARA VERANO
La correa de piel perforada:
La correa NATO o de tela:
En la playa o en la piscina, la
situación es diferente. Ningún reloj de valor debería exponerse al agua del
mar, a la arena o a los golpes propios de ese entorno, por mucho que el
fabricante garantice su resistencia. La arena es abrasiva y penetra en los
mecanismos. El agua salada deteriora los juntes con el tiempo. La opción más
sensata en la playa y en la piscina es no llevar reloj.
V. EL CAMBIO DE CORREA
Hay personas que, con la llegada
del verano, no cambian los relojes, sino que cambian las correas de los
relojes. Esta es una práctica que a mi particularmente no me gusta. En lugares
de veraneo, y fuera del rigor formal urbano, prefiero utilizar relojes que sean
propios de la época estival, y no limitarme a llevar los mismos relojes, solo
que con correa diferente. Ya que cada reloj tiene su propia personalidad y, por
lo tanto, su ambiente predeterminado.
Pero si alguien opta por cambiar
la correa, y no el reloj, debe tenerse en cuenta que antes de elegir la correa
de verano conviene preguntarse con qué conjunto se va a llevar. Un reloj de
vestir con caja de oro, pongamos por caso, o de acero pulido, pide una correa
que esté a su altura. La piel perforada o el perlón pueden ser las opciones más
adecuadas. El NATO solo funciona si el reloj tiene el perfil y el espíritu deportivo
que lo justifique. Con un reloj de esfera clásica y caja elegante, la correa
NATO produce una disonancia que cualquier aficionado nota de inmediato.
Un reloj deportivo, por su parte, admite prácticamente cualquier correa de verano sin producir una contradicción estética. El smartwatch y los relojes de plástico no entran en ninguno de estos cálculos. Su registro es por definición informal y el caucho o la silicona son sus materiales naturales.
El reloj en verano demanda una
correa diferente a la de invierno, igual que el calzado o la chaqueta. La piel
perforada para quien necesita mantener cierta formalidad. El perlón o el NATO
para el registro informal. El caucho para el deporte y el agua. Y ningún reloj
en la playa o la piscina, que es donde el reloj no tiene ningún lugar sensato.
Lo que no tiene ningún sentido es
seguir llevando los mismos relojes con correa de piel por inercia.
VI. RELOJ DE CORREA METÁLICA EN
VERANO
La correa metálica es la gran
olvidada de los artículos sobre el reloj en verano. Casi todos los textos que
tratan este tema la descartan de entrada con el argumento de que el metal
calienta en contacto con la piel. Es un argumento parcialmente verdadero, pero muy
exagerado.
La correa metálica en verano
tiene un problema real y un problema más bien imaginario. El real es que el
metal absorbe calor cuando está expuesto al sol directo durante un tiempo
prolongado. Quien deja el reloj al sol en la terraza y luego se lo pone notará
el metal caliente. Pero pronto la temperatura se equilibra con la de la muñeca
y el efecto desaparece. El problema imaginario es que la correa metálica
resulta incómoda en verano de manera permanente. No es así. Una correa bien
ajustada, que no queda ni muy ceñida ni muy holgada, es perfectamente cómoda a
lo largo de todo el día independientemente de la temperatura exterior.
La correa metálica tiene además
ventajas que en verano resultan especialmente relevantes. No absorbe el sudor
como sucede con la correa de piel, no se deteriora con la humedad y además se
limpia muy fácilmente. Una correa de acero bien cuidada dura décadas sin
cambiar de aspecto. La correa de piel, en las mismas condiciones de uso
veraniego, dura unas pocas temporadas.
En cuanto al registro, la correa
metálica pertenece al atuendo informal, ya que no resultan los adecuados para
llevarse con traje. En verano esa regla sigue vigente. Con pantalón de algodón,
camisa de cuello abierto y sin chaqueta, el reloj de correa metálica es
completamente adecuado. Con americana o chaqueta de lino, empieza a entrar en
territorio discutible. Con traje, mejor elegir la correa de piel o prescindir
del reloj.
El bracelet de acero pulido es el más habitual y el de mayor presencia. El bracelet en acero cepillado o satinado tiene un aspecto más sobrio y resulta algo más versátil en combinación con conjuntos de verano.
El bracelet dorado, en verano, pertenece a un registro muy específico, el del reloj de vestir con traje ligero, y no funciona con la misma naturalidad en el contexto informal que caracteriza a los meses de calor.
VII. LOS RELOJES SUMERGIBLES
Hay un tipo de reloj que en
verano merece un apartado propio porque resuelve de manera definitiva el
problema de la correa y del cuidado, que es el reloj sumergible. No el reloj
con resistencia al agua de diez atmósferas que cualquier fabricante incluye en
sus especificaciones para justificar un precio. El reloj sumergible de verdad, es
el diseñado desde su origen para el buceo y para la exposición prolongada al
agua salada.
La diferencia entre un reloj
resistente al agua y un reloj sumergible es de concepto. Un reloj resistente al
agua aguanta la lluvia y el lavado de manos. Un reloj sumergible está
construido para trabajar bajo presión, con corona roscada, cristal de zafiro
reforzado, juntes de silicona sellados y caja de acero o de titanio diseñada
para resistir la corrosión. No necesita cuidados especiales antes de bañarse,
no requiere revisión de estanqueidad antes de meterse al mar y no plantea
ninguna duda sobre si aguantará o no.
En verano, esta diferencia es más
práctica que técnica. Quien lleva un reloj sumergible en la playa o en la
piscina no necesita quitárselo antes de bañarse, no teme el agua salada y no
tiene que acordarse de cerrar la corona.
Conviene, sin embargo, ser preciso sobre el registro de estos relojes. El Submariner o el Seamaster son relojes de gran presencia que admiten contextos más allá del agua, como es el caso de llevarlos con pantalón chino y camisa de cuello abierto. Pero son relojes de carácter sport y no deben llevarse con traje de ciudad ni con indumentaria formal.
LUCIO RIVAS

















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