lunes, 19 de enero de 2015

Tres trajes esenciales (I) - El azul marino



 


En diversas ocasiones me han preguntado cuales son los trajes que no deben nunca faltar en el armario de un caballero. Siempre he dado mi opinión al respecto sin marcar un límite a esa necesidad básica. Pero el pasado día 12 de enero, en el programa de radio Gemelos de Plata de la emisora Capital Radio de Madrid dirigido por Isabel Sanz, me formularon idéntica pregunta, si bien, en esta ocasión, limitado a que me pronunciara sobre tres trajes.   



La respuesta no resulta sencilla por cuanto que, como ya manifesté en su día, se encuentra en función de la vida social y laboral del interesado. No obstante, podríamos establecer un denominador común a un tipo homogeneizado de persona, en virtud del cual estimo que si tenemos que reducir a tres los trajes de una persona estos, sin dudarlo un momento, serían: un azul marino, un príncipe de gales de tres piezas y un traje cruzado de raya diplomática.  

A Gentleman's Row
El primero de ellos es el traje azul marino. Este tipo de traje es un clásico esencial. A buen seguro que todo caballero, por escaso que sea su armario, cuenta con uno. A pesar de ser un traje muy habitual y que todo el mundo utiliza de forma cotidiana, hasta el punto que parece ser, junto con el traje gris marengo, el uniforme de los políticos, banqueros, ejecutivos y abogados, no es de mis favoritos precisamente por esa razón, porque supone siempre vestir igual que todo el mundo. En mi caso procuro introducirle, precisamente para evitar esa mimetización con el entorno del común de los caballeros, y poder de algún modo diferenciarlo, algún efecto que resulte interesante como es combinarlo con chalecos que, en algunos casos rompan la monocromía del traje y, en otros, aunque no supongan quiebra del color predominante, esto es el azul, sí que por razón de la tela escogida para encargar el chaleco, tenga unas ciertas dosis de atrevimiento, lo que en todo caso facilitará siempre que la atención de quien nos observa no se centre en el traje, sino en el chaleco, creando con ello un efecto distinto y facilitando la personalización del conjunto. 

Aquellos caballeros que no se atrevan con chalecos, que les permitan distorsionar aunque sea levemente el conjunto, les sugiero jugar con camisas y corbatas diferentes, huyendo siempre de las camisas blancas y las corbatas azules que es la combinación menos ingeniosa, más común y, por ende, la más aburrida por resultar previsible y fácil.
No obstante lo anterior, el traje azul marino tiene para mí la consideración de esencial y lo he predicado como básico en un armario por varias razones. En primer lugar porque es un traje que permite combinar más fácilmente que ninguno muchas variantes de camisas y corbatas, de tal forma que, salvo contadas excepciones como las telas escocesas, prácticamente todas las camisas tienen combinación armónica con un traje azul marino. Lo mismo podemos manifestar con respecto a las corbatas. 

Scalpers
En cuanto a las camisas este traje tolera fácilmente, además de la consabida blanca, camisas de tonos celestes, azules, amarillos y rosas, así como las que sobre esas tonalidades contengan rayas o cuadros. Especialmente bien quedan las camisas que combinen rayas azules con cuello y puños blancos. 
En segundo lugar, el traje azul marino permite asistir correctamente vestido al lugar de trabajo y, a la vez, constituye una segura garantía de formalidad cuando de un evento se trate. 
La versatilidad de este traje es lo que le convierte en un clásico que bien podríamos denominar esencial.
Por otro lado, una de sus grandes ventajas radica en que el color azul marino siempre sienta bien con independencia del color del cabello y tono de la piel.  

A continuación vemos las dos formas señaladas anteriormente de quebrar el conjunto del traje azul a través de su combinación con un simple chaleco. Obsérvese que la base del conjunto utilizado no puede ser más clásica, convencional y poco atrevida, como es la camisa blanca y la corbata azul. Pues bien, sobre esa premisa tan poco llamativa e innovadora podemos crear un resultado ciertamente sorprendente, diferente, con estilo y todo ello, no sólo sin perder la elegancia, sino además potenciándola de forma directa. 



Este primer resultado se basa en crear un contraste entre el azul del traje y un color que sea complementario del mismo, según la rueda cromática HSV, lo que nos garantiza una combinación perfecta. El efecto inmediato es que el conjunto, aparentemente insulso, pasa a ser otro que se percibe de forma diferente a pesar de basarse en una combinación de traje, camisa y corbata tantas veces repetido y tan frecuente en nuestras calles. En este caso el color del chaleco diluye el del traje y crea una armonía serena y eficaz a la vez.

La segunda de las propuestas formuladas para contribuir a crear un conjunto diferente que no pase desapercibido, partiendo de la base del más común de los conjuntos, es el de un chaleco que no se base en un contraste cromático de colores complementarios con el del traje, como hemos visto en el supuesto anterior, sino todo lo contrario, es decir, tomar como color o colores básicos del chaleco precisamente el color del traje, para crear un contraste no complementario. En este caso, como podemos apreciar en la foto siguiente, el chaleco no contribuye a diluir el color del traje sino que directamente convierte al traje en antagonista del objetivo principal, que en este caso es el propio chaleco, que por esta razón pasa a adoptar un papel de marcada notoriedad, convirtiéndose no en un complemento, sino en el epicentro de la indumentaria, y por extensión, en el objeto de las miradas. Con ello habremos conseguido que un conjunto que sobre el papel no es llamativo ni interesante se convierta en todo lo contrario, por intercesión de una sola prenda pocas veces valorada y que puede adquirir una relevancia especial: el chaleco. En este último caso el chaleco me ha sido hecho a medida con tela camisera por Haberdashers.    



   L.R.

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