domingo, 25 de noviembre de 2018

LA SERENA ELEGANCIA DE LA MADUREZ




De un tiempo a esta parte es fácil percibir como la presencia de caballeros que lucen canas o con rostros curtidos con arrugas, aparecen en la imagen de marcas de moda, o son directamente modelos de las mismas. Asistimos a un fenómeno que no se ha apreciado nunca antes en la  historia de la imagen y es lo que denomino la serena elegancia de la madurez.


Alessandro Squarzi

Recuerdo que desde siempre la imagen de las marcas de moda eran tradicionalmente jóvenes efebos, algunos incluso imberbes, musculosos y con un rostro más cercano a estar repitiendo COU y vivir con sus padres, que de tener cara de estar curtido por la vida.


Recuerdo cuando los caballeros ya mayores trataban de disimular sus canas tiñéndolas periódicamente. Recuerdo que traspasar la barrera de los cincuenta era directa e inexorablemente cruzar el umbral de la tercera edad, donde solo restaba disfrutar de buenas sopitas y de las partidas de dominó con los casi abuelos de su edad. De hecho muchas empresas y entidades financieras prejubilan a sus empleados que cumplen los 50 o 52 años.


Giampaolo Aliatta
 Hoy, por el contrario, los caballeros que han superado ampliamente el medio siglo de vida, e incluso algunos con sesenta años se han convertido en referentes mundiales del estilo, como mi amigo Lino Ieluzzi, o el gran Franco Mazzetti. 

Lino Ieluzzi


Lino Ieluzzi

Lino Ieluzzi

Franco Mazzetti

Franco Mazzetti

Franco Mazzetti

Otros son referentes internacionales de la elegancia más clásica, como es el caso de Charles Dance o mi amigo Hugo Jacomet.

Charles Dance

Hugo Jacomet

Con el gran Hugo Jacomet en sastrería Langa 

Y no faltan incluso aquellos por quienes suspiran las damas jóvenes, como es el caso de George Clooney, Pierce Brosnan o Richard Gere.




¿A qué se debe este cambio tan drástico en la sociedad actual?. ¿Por qué los caballeros que, como es mi caso, superamos ampliamente el medio siglo de vida hemos pasado de ser casi un escuadrón de señores mayores que poco podían ya aportar al mundo en el que viven, a ser referente en sectores tradicionalmente reservados o monopolizados por los más jóvenes como es el caso de la vestimenta, el estilo o la elegancia?.



Es difícil de explicar, pero como en todo en la vida la explicación no se encuentra en un solo factor, es un cúmulo de ellos que voy a tratar de desglosar.


En primer lugar, el incremento en la esperanza de vida ha hecho que los varones superen con extrema facilidad los 80 años, cosa que no ocurría antes. Los caballeros en la actualidad se cuidan mucho más de lo que se hacía antaño. De hecho tengo algún conocido de algo más de sesenta años, que siempre que puede sale a correr por El Retiro y sinceramente me cuesta mucho seguir su ritmo, y en ocasiones directamente no puedo. 


Hoy día los caballeros cuidan su dieta y vigilan lo que comen. Hoy es corriente ver en los grandes establecimientos comerciales sectores dedicados a la cosmética masculina, algo impensable cuando yo era un tierno infante. En aquellos tiempos no existía, ni por asomo, esa cosmética especializada. En aquella época el hecho de pensar que un caballero utilizara una simple crema hidratante suponía que podía ser fácilmente tildado de invertido o sodomita directamente.



Esto explica que muchos caballeros que llegan a una provecta edad gocen de una apariencia y un estado físico más que saludable. Además el síntoma de mayor apariencia de envejecimiento, como es la alopecia, se puede camuflar con facilidad con operaciones quirúrgicas a través de injertos de cabello, lo que en cierta medida puede paliar el aspecto de senectud.



Pero ese mejorado aspecto físico del que pueden gozar hoy día los caballeros cincuentones, si bien otorga una respuesta a una apariencia de la que nunca antes en la historia han gozado aquellos, no explica sin embargo, por qué las canas no sólo no se esconden sino que no airean con alegría y sin complejos.



Desde mi punto de vista, la respuesta se encuentra en la experiencia. Hoy día la madurez que otorga la experiencia de los años es un bien que se valora más que nunca. Por ejemplo el celebérrimo personaje de James Bond en su primer encuentro cinematográfico fue interpretado por Sean Connery cuando superaba levemente los treinta años de edad mientras que, muchos años después Pierce Brosnan interpretó ese personaje en la película “Die Another Day” con cincuenta años, los mismos que tiene el actual interprete de la saga Daniel Craig. Esto se ha contemplado así porque el personaje sabe lo que sabe y es como es porque lo ha vivido, en definitiva, por la experiencia que atesora. De otra manera no sería explicable y no resultaría creíble el comportamiento que desarrolla el famoso espía si el personaje fuese interpretado por un joven treintañero, que por la impulsividad, efusividad y lo exaltado que se presume a esas edades tiernas, no tendría un comportamiento sereno, equilibrado, ponderado y reflexivo, sino más bien arrebatado, irreflexivo, o vehemente.



Otro factor directamente vinculado con lo anterior es la inmadurez que se presume en la sociedad actual a la gente más joven, aspecto que en algunos casos puede resultar cierto. Esto supone que un caballero maduro es consciente que el tiempo es un bien extraordinariamente limitado y preciado, lo que nos obliga a no perderlo con quien no queremos y a disfrutarlo con más intensidad, porque cuando se es joven se piensa que el tiempo transcurre despacio y que las oportunidades son muchas para todo, cuando no es así.



Por otro lado tengo el firme convencimiento de que si los hombres maduros no despertaran un inusitado interés en las damas, a buen seguro que no desempeñarían la imagen de que gozan hoy día. De hecho en una ocasión un embajador de una de las marcas de moda más relevantes de España, que es un caballero de buena planta y siempre bien vestido, me llegó a comentar que si pudiera se teñiría el pelo con toques blancos para aparentar la presencia de canas en sus cabellos. 
No en vano una dama me comentó en una ocasión que a las mujeres las canas les hacen mayores, y a los caballeros les hace interesantes.

Gianluca Vacchi

Algunas damas me han confesado que consideran que los caballeros maduros dominan la galantería como nadie, y se les concibe como seductores, seguros de sí mismos y tienen la libertad de mostrarse como son. La mayoría ha tenido una o más relaciones de pareja, han aprendido de los errores y, sobre todo, saben lo que quieren cuando se trata de una mujer.


En España gozamos de notables ejemplos de caballeros maduros con una elegancia desbordante y una osadía en el estilo que les convierte en verdaderos representantes de la más auténtica imagen canalla, como son mis amigos Don Gonzalo de León y Don Javier Arias. Grandes entre los grandes.  

Con Gonzalo de León y Javier Arias


Lucio Rivas


  

3 comentarios:

  1. Don Lucio,
    Una reflexión mía, quizá el poder adquisitivo que se tiene siendo maduros también es más acorde con el coste que supone disfrutar de determinadas cosas.Los fabricantes de coches aplican su deportividad y agresividad a vehículos más lógicos para este público, por sus necesidades físicas, familiares, de comodidad y practicidad requeridas para un uso más diario y cotidiano.
    Además, un público más asentado, por lo menos en la hostelería que es mi gremio, da más seguridad y continuidad al desarrollo de los proyectos.
    Muchísimas gracias!

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    1. Completamente de acuerdo Javier. Gracias por el comentario.

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  2. Javier Arias, un Señor de los de toda la vida, también en su forma de ser.

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