domingo, 15 de marzo de 2026

LOS VIERNES INFORMALES O CASUAL FRIDAY

 



La entrega de hoy bien pudiera denominarse también la elegancia que sobrevive al viernes o cuando la libertad en el vestir se confunde con la licencia para el descuido, porque lo que se creó para intentar mitigar el protocolo de vestimenta en el último día laborable de la semana, ha supuesto arruinar el atuendo tradicional en el trabajo.

 


I. Un viernes que cambió la forma de trabajar

Pocas costumbres modernas reflejan mejor la transformación del mundo empresarial que el llamado Casual FridayLo que comenzó como una idea para aliviar la rigidez del traje y la corbata a finales de la semana, ha terminado por alterar la noción misma de elegancia profesional.

Nació en Estados Unidos, se expandió por Europa con el aire despreocupado de los noventa, y hoy, en muchas oficinas, se ha convertido en el refugio del desaliño institucionalizado.


Nació en Estados Unidos, se expandió por Europa con el aire despreocupado de los noventa, y hoy, en muchas oficinas, se ha convertido en el refugio del desaliño institucionalizado.

El origen del Casual Friday puede rastrearse hasta los años sesenta en Hawái, con el llamado Aloha Friday, cuando las empresas permitieron que sus empleados vistieran camisas de estampado local los viernes como gesto de identidad y confort climático.

Décadas más tarde, en la era del auge tecnológico de Silicon Valley, la costumbre se transformó en un símbolo de innovación, ya que se asociaba la ropa informal con la creatividad y la ruptura con las jerarquías.

El problema es que, como toda buena idea mal entendida, el Casual Friday fue perdiendo su propósito inicial, porque lo que nació como un puntual respiro se convirtió en excusa.

El resultado es un paisaje laboral donde el hombre moderno a menudo ya no distingue entre comodidad y descuido, entre naturalidad y negligencia.



II. De la cultura del traje al culto de la informalidad

El nuevo paradigma proclamaba, lo que posteriormente se ha demostrado que era un error, consistente en que vestirse menos formal equivalía a trabajar mejor.

III. La cognición investida

La cognición investida es un concepto acuñado por Adam y Galinsky en su famoso estudio de 2012, que se refiere a la influencia sistemática que la ropa tiene sobre los procesos psicológicos de quien la lleva. A diferencia de la psicología de la moda tradicional, que se enfoca en cómo los demás nos perciben, esta teoría sostiene que nuestra propia ropa afecta nuestra autoestima, comportamiento y rendimiento cognitivo.

Según los autores, para que la ropa cambie nuestra mentalidad deben cumplirse dos condiciones: una es el significado simbólico, es decir, que la prenda debe estar asociada a un concepto o rol específico (ej. autoridad, inteligencia, creatividad), y la otra es la experiencia física donde el efecto solo ocurre si la persona viste realmente la prenda, no solo si la observa.

En su investigación original publicada en el Journal of Experimental Social Psychology, Adam y Galinsky realizaron experimentos con una bata blanca para medir la atención sostenida. Crearon el grupo A en el que a los jóvenes médicos que creían usar una bata de médico mostraron un incremento significativo en su capacidad de atención y cometieron menos errores en tareas de agudeza mental, mientras que el grupo B, que vistieron la misma bata, pero creían que era de pintor, no mostraron en ningún momento las mismas mejoras en tareas de atención focalizada.


IV. El trasfondo de los viernes informales

Lo que en teoría debía humanizar la empresa terminó, en muchos casos, por desdibujar la frontera entre lo privado y lo profesional.

El traje y la corbata no desaparecieron de las oficinas por una cuestión estética, sino cultural, toda vez que el trabajo se volvió menos jerárquico, más digital y, sobre todo, más difuso.


VI. El error de confundir lo informal con lo indiferente

El viernes se convirtió, en demasiados entornos, en un desfile de improvisaciones:

El espíritu de los viernes informales no consiste en vestirse como uno quiera, sino en adaptar la elegancia a un contexto más relajado sin perder la estructura ni la coherencia.

En ese sentido, la verdadera elegancia del viernes reside en el equilibrio, es decir, en cómo conservar el porte del lunes con la naturalidad del fin de semana. Quien domina ese arte proyecta una imagen de inteligencia visual y autocontrol, dos virtudes esenciales en la cultura profesional.

No se trata de sustituir el traje por unos chinos con deportivas, sino en algo más sencillo como eliminar la corbata y llevar el cuello de la camisa desabotonado. Pero lo que en un principio debía quedarse en esto ha ido de forma paulatina dando pasos de anarquía en el código de vestimenta, hasta casi haber desaparecido el taje y la corbata del atuendo de la oficina, por lo que los viernes informales o casual friday han supuesto el principio del fin.


VII. La anatomía del buen Casual Friday

1. La chaqueta.

La prenda clave es en todo caso la americana informal o el blazer desestructurado, ya que el traje en estos casos debe quedar aparcado.

2. La camisa.

El viernes no es día de camisa blanca de popelín, pero mucho menos de camisetas. Debe elegirse una camisa de oxford, chambray o lino. La camisa no debe ser la que utilizamos usualmente, pero en este caso sin corbata, sino que no debe ser en ningún caso de puño doble, porque la llevaremos sin gemelos, y puede llevar tapeta, pero lo que es importante es que siempre tenga  botones en los picos del cuello, o por dentro de este para mantener siempre erguido este porque no llevamos corbata.

3. El pantalón.

El sustituto natural del pantalón de traje es el pantalón de algodón estructurado, que debe tener buena caída, planchado perfecto y color sobrio. Excepcionalmente pueden admitirse unos chinos, pero nunca los vaqueros en cualquiera de sus modalidades.

4. El calzado.

No son procedentes los zapatos propios del traje, es decir, los Oxford. Por el contrario, los zapatos naturales para estos viernes informales son los derbys o mocasines, nuca el calzado deportivo.



VIII. El riesgo del exceso de confianza

El Casual Friday tiene un enemigo peligroso que el autoengaño de la comodidad. Muchos creen que vestirse sin esfuerzo transmite naturalidad, cuando en realidad lo que comunica es desinterés, desidia y dejadez.

El hombre elegante debe preparar su viernes informar con la misma atención que un lunes.

IX. El fin in de semana empieza con la actitud

El Casual Friday no debería interpretarse como un descanso del estilo, sino como su última prueba de la semana. Cuando la presión laboral disminuye, la elegancia revela su autenticidad ya que, si es sólida permanece, pero si artificial, se desvanece.

La elegancia del viernes no consiste en vestirse menos, sino en seguir vistiéndose bien cuando ya nada ni nadie lo exige. Vestir con acierto el viernes es una manifestación de la inteligencia social. Quien lo hace demuestra que la clase no depende de la agenda, sino de la educación.

 

LUCIO RIVAS

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