La elegancia no empieza en el armario, empieza antes de elegir una chaqueta, una camisa o unos zapatos. Empieza en la manera de estar de pie, de caminar, de sentarse, de mirar y de ocupar el espacio. Eso es el porte. La verdad es que el porte elegante no depende del físico, ni de la edad, ni siquiera del traje, depende siempre de una relación consciente con el propio cuerpo.






