Durante mucho tiempo se ha considerado la blazer como una prenda intermedia, como un recurso de transición entre el traje y la ropa informal. Se la define por su versatilidad, por su facilidad de combinación, por su capacidad para trasmitir elegancia en un conjunto sin llegar a formalizarlo en exceso. Todo eso es cierto, pero, de nuevo, es una descripción insuficiente.





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