Un pañuelo, se compone principalmente de la tela (algodón, seda, lino), los cuatro bordes (o dobladillos) y las puntas o esquinas. Los bordes o dobladillo es el pliegue de los extremos que define la calidad, y juegan un papel mas importante de lo que parace en el correcto vestir masculino.
I. INTRODUCCION
Los bordes o dobladillos del pañuelo pueden ser cosidos a máquina o
a mano, y son fundamentales para evitar el deshilachado y definir la estructura del
mismo.
El dobladillo del pañuelo de bolsillo, que son apenas unos milímetros de tela y puntada, cumple un papel verdaderamente importante, y es que lejos de ser un simple remate, actúa como estructura, determina la caída del pañuelo, condiciona el pliegue y, lo que es más importante, determina la posible combinación atendiendo al color del mismo.
![]() |
| Anverso |
El dobladillo cumple tres funciones simultáneas. Primera, como hemos dicho, es evitar el deshilachado y controlar la tensión del tejido. La segunda, que podríamos denominar mecánica, influye en la elasticidad periférica y en la estabilidad del pliegue y, por último, la función estética que es la parte visible, que se manifiesta, en función del acabado, en un juego interesante de combinaciones, que es lo que vamos a analizar en esta entrega.
![]() |
| Reverso. Aquí es donde se aprecia el cosido |
Debemos tener en cuenta la importancia del dobladillo, ya que, en términos de construcción, el borde es al pañuelo lo que la solapa a la chaqueta.
1) Dobladillo enrollado a mano,
en el que el borde se enrolla manualmente sobre sí mismo.
Se fija con puntadas pequeñas y
discretas, generando un relieve sutil. La ligera irregularidad de la puntada no
es defecto, es la huella artesanal.
![]() |
| Reverso del dobladillo enrollado a mano |
![]() |
| Anverso |
2) Dobladillo plano a máquina. Aquí el borde se dobla en ángulo recto, se prensa y se cose con puntada lineal uniforme consiguiendo un pliegue limpio y recto. Con ello se produce una menor elasticidad periférica del pañuelo y también una apariencia más industrial, aunque siempre es más duradero.
No existe una proporción predeterminada
entre tamaño y grosor del dobladillo, al igual que tampoco existe un ancho
universal correcto. Lo que debe existir es armonía entre la dimensión total del
pañuelo, el gramaje del tejido y el espesor del borde. Un borde excesivamente
grueso en un pañuelo pequeño rompe la proporción, de la misma manera que uno
demasiado fino en pañuelo grande puede debilitar la estructura.
III. EL COLOR DEL
DOBLADILLO DEL PAÑUELO
En la indumentaria clásica
masculina, el pañuelo de bolsillo es un accesorio, pero no es accesorio menor.
Dentro de su estructura el color del pañuelo adquiere un protagonismo importante,
pero igual o más transcendente es el color del dobladillo, que cumple una
función que trasciende el mero acabado técnico. Actúa como línea de contorno
visible, y constituye un acento cromático y un elemento de cohesión dentro del
conjunto.
Cuando el pañuelo se pliega, el
color del dobladillo puede convertirse em ocasiones en la única parte
cromáticamente activa que asoma del bolsillo, especialmente en pañuelos de base
blanca o neutra. En ese caso, el borde funciona como una línea gráfica estéticamente
muy definida.
Si el dobladillo es del mismo
color que el pañuelo, que es la opción más ortodoxa en entornos formales, no
existe diferenciación cromática, por lo que el régimen a seguir es el del color
del pañuelo.
IV. COMO DEBE COMBINARSE
Como ya tuve ocasión de exponer
en su día en el artículo de este blog sobre cómo debe combinarse el pañuelo del
bolsillo, publicado el 12 de mayo de 2015, en el que puse de manifiesto que el
pañuelo debe combinar con la camisa y no con la corbata, salvo la concreta
excepción que puse de manifiesto, aquí hay que añadir un nuevo planteamiento,
complementario del axioma reseñado, y es que hay que analizar el régimen de
combinación cromática del ribete o dobladillo de un color diferente al del
pañuelo.
En este caso el principio general
es que el color del dobladillo debe combinar con la corbata:
Si la camisa posee dos tonalidades, por ejemplo, una camisa de rayas azules y blancas, lo ideal es que el pañuelo y el dobladillo sean de esos dos mismos colores, debiéndose tener en cuenta siempre que el color del pañuelo será el del color menos destacado de la camisa y el del ribete será, por el contrario, el del color que más destaque, como se comprueba en la ilustración siguiente:
El color del ribete o, en su caso, dobladillo no varía el principio general enunciado, pero si puede introducir un nuevo elemento que conviene conocer.
Un borde más oscuro o más claro
que el tejido principal del pañuelo introduce profundidad al mismo sin llevar a
cabo una ruptura visual, ya que el borde haces las veces de marco del pañuelo.
Cuando el dobladillo presenta un
color claramente distinto al fondo, la línea perimetral se convierte en un
elemento cromático activo. En estos casos, el criterio debe basarse en tres
principios:
1. El borde no debe ser
excesivamente grueso.
2. El color debe aparecer en otro
punto del conjunto, que deberá ser siempre la corbata o excepcionalmente la chaqueta,
o incluso el chaleco como en el siguiente caso:
3. Cuanto más formal sea el
entorno, más discreto debe ser el contraste.
1.
No relacionarse cromáticamente, es decir, ser neutral:
Para mí la opción más elegante, y que otorga más coherencia al conjunto, es esta última, es decir, la repetición exacta porque aporta cohesión y proporción cromática deslumbrante sobre la base de una superficie paradójicamente muy reducida., como es la del dobladillo.
Sobre esta materia hay una serie de errores frecuentes que debemos evitar:
1. Dobladillos excesivamente
gruesos en colores intensos.
2. Borde contrastado sin relación
con el resto del conjunto.
3. Uso de colores demasiado
brillantes en contextos conservadores.
4. Acumulación de múltiples
acentos cromáticos que compiten entre sí.
En base a lo anterior debemos
formular un principio general, y es que el color del dobladillo del pañuelo
debe obedecer siempre a un equilibrio. Debemos tener en cuenta que no es un
elemento autónomo, sino parte de un conjunto visual donde cada componente tiene
un peso específico.
El borde puede ser neutro, armónico o contrastado, pero
siempre debe estar subordinado a la arquitectura general del atuendo.
LUCIO RIVAS
.jpg)













No hay comentarios:
Publicar un comentario