domingo, 15 de febrero de 2026

ICONOS HISTORICOS DE LA ELEGANCIA (PARTE 4): CARY GRANT

 

Pocos nombres resumen mejor la elegancia del siglo XX que el de Cary Grant.

I. El hombre y su época

Nació en 1904 en Bristol, Inglaterra, bajo el nombre de Archibald Alexander Leach. De origen modesto viajó a los Estados Unidos con una compañía de teatro acrobático, y allí aprendió dos lecciones que marcarían su vida: la disciplina del cuerpo y la importancia de la imagen.

A diferencia de muchos iconos de Hollywood, Grant se construyó a sí mismo. No heredó fortuna ni títulos, pero comprendió que el vestir podía ser una forma de legitimarse ante el mundo. En la América de entreguerras su porte impecable fue su carta de presentación.

Si el Duque de Windsor había redefinido la elegancia británica, Grant la exportó a la gran pantalla y la convirtió en una aspiración universal.

En un tiempo en que el cine era el espejo del ideal masculino, Grant representaba el equilibrio perfecto entre sofisticación y accesibilidad.

Sus personajes encarnaban un tipo de hombre que nunca perdía el control, ni de su entorno ni de su aspecto.

II. El estilo

Cary Grant vestía con máxima precisión. Nada en su atuendo parecía improvisado ni forzado. Su elegancia era el resultado de una naturalidad innata. Sus trajes eran, casi siempre, de corte muy inglés: hombros suaves, solapas medianas, cintura ceñida y pantalones de pliegue limpio. Sabía utilizar los tonos grises o marinos y las camisas blancas o azul claro.

En la película “Con la muerte en los talones” (North by Northwest) de 1959, su traje gris de sastrería londinense, uno de los más analizados en la historia del cine, es un ejemplo de perfecto equilibrio. El corte sigue la línea natural de la silueta, la camisa no se impone al conjunto, y la corbata de tono sobrio, actúa como eje de simetría.

A diferencia de muchos actores contemporáneos, no dependía del vestuario de los estudios. Mandaba confeccionar sus propios trajes a medida, casi siempre en Londres o en Los Ángeles, y los usaba dentro y fuera de la pantalla. La continuidad entre su imagen pública y su vestir cotidiano reforzaba su autenticidad.

Su sastre habitual fue Kilgour French & Stanbury, en Savile Row, aunque también trabajó con Norton & Sons. Cada prenda respondía a su exigencia, porque quería vestir en su vida real al igual que en la pantalla, para dar la sensación de que la imagen que daba en pantalla era un reflejo de su vida real.

El suyo no era un estilo ostentoso, era una medida clásica. Por eso su figura resultaba armoniosa incluso en movimiento; sus trajes estaban pensados para el cuerpo en acción.

III. El legado

El impacto de Cary Grant va más allá de la moda. Lo que legó fue una idea de la elegancia como templanza de imagen. Mientras el Duque de Windsor jugaba con la textura y el color, Grant convirtió la naturalidad en virtud. Su forma de vestir demostraba que el control de uno mismo y la serenidad se expresa también en la ropa. No es casual que el propio Hitchcock dijera que Grant es el hombre que todo hombre quiere ser y que toda mujer quiere tener.

Grant demostró que la elegancia no depende de la cuna ni de la fortuna, sino del respeto por uno mismo.
La ropa fue su lenguaje más refinado por eso su imagen sigue pareciendo contemporánea.

Grant no solo vestía bien, sino que se movía bien. Su elegancia no era estática, sino cinética. Grant comprendió que la elegancia no se mide al estar quieto, sino al moverse. Sus trajes no eran estructuras rígidas, sino que eran instrumentos que seguían el ritmo de su natural aplomo.


Podríamos afirmar que Grant fue el primer actor que convirtió su manera de vestir en parte del argumento. En el cine de Hitchcock, el traje de Grant no es un disfraz, sino una continuidad de su carácter y del aplomo del personaje.

Si el Duque de Windsor enseñó a vestir bien, Cary Grant enseñó a vestir con una serena confianza que transcendía de la simple imagen. 

LUCIO RIVAS

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