En el guardarropa masculino
existen detalles que transforman un conjunto correcto en algo especial. El
boutonniere es uno de ellos. Una flor, una rama, un pequeño ramito de hierbas
anudado con cordón de yute, se convierte
en uno de los elementos de mayor poder simbólico que pueden incorporarse a la
solapa de un traje.
I. QUÉ ES Y DE DÓNDE VIENE
El boutonniere, cuyo nombre
procede del francés, es una flor o pequeña composición floral que se porta
sobre la solapa izquierda del traje, y se sujeta mediante un pin o aguja fina
que se introduce por el reverso del tejido. Su presencia en el vestir masculino
tiene raíces que se remontan al siglo XIX, cuando los caballeros incorporaron
la flor a su indumentaria de ceremonia como señal de distinción.
Hoy el boutonniere ha abandonado
la vida cotidiana para concentrarse únicamente en los grandes momentos, bodas,
ceremonias, actos de protocolo y celebraciones muy señaladas. Y precisamente
por ese abandono de lo cotidiano ha recuperado algo que había perdido en sus
años de uso más generalizado, como es su capacidad de transmitir la importancia
de un evento.
El boutonniere no se introduce a
través del ojal de la solapa, se porta sobre la propia solapa, apoyado sobre su
superficie, y se sujeta mediante un pin o aguja específica que se inserta por
el reverso del tejido, de manera que permanece completamente oculto cuando se
mira el conjunto de frente. El tallo de la flor queda orientado hacia abajo, la
composición floral queda sobre el tejido y el conjunto, visto desde el
exterior, parece flotar sobre la solapa con una naturalidad que no delata
ningún mecanismo de sujeción.
El ojal de la solapa izquierda
cumple en este contexto una función de referencia antes que de sujeción. Es el
punto que indica la posición correcta del boutonniere, ya que la flor se coloca
aproximadamente a su altura, en la zona media-alta de la solapa izquierda.
Cuando el ojal es funcional y está bien ejecutado, puede también emplearse para
guiar las flores de tallo muy fino, pero esta técnica es muy poco habitual y en
ningún caso describe la manera correcta de portar la pieza.
El pin que sujeta el boutonniere
debe ser fino, de punta muy afilada y, preferiblemente, del mismo color que el
tejido de la solapa. La técnica correcta consiste en pasar el pin en horizontal
a través del reverso de la solapa, atravesando el tallo de la flor y volviendo
al reverso, de manera que el tallo quede bloqueado entre el pin y el tejido sin
que ninguno de los dos resulte visible desde el frente. Esta operación requiere
práctica.
III. PROTOCOLO DE USO
El boutonniere no es una pieza de
uso cotidiano ni debe aspirar a serlo. Su fuerza reside precisamente en su
carácter excepcional. Llevarlo en el día a día de la oficina o de la vida
profesional ordinaria lo vacía de significado y lo convierte en un adorno sin
contexto. Los momentos que justifican su uso son claros y están bien definidos
por la tradición.
La boda, el contexto natural
El contexto en que el boutonniere
resulta más pertinente, más esperado y más cargado de significado es la boda.
El novio, el padrino y los testigos lo llevan por tradición en prácticamente
todas las culturas occidentales, y en la boda de mayor protocolo su elección
está parcialmente determinada por el tipo de traje que se viste. Con chaqué o
frac, la flor clásica es la rosa blanca o el clavel blanco, una sola pieza,
limpia y sin composición compleja:
Ceremonias civiles y actos de protocolo
Las ceremonias civiles de cierta
relevancia, los actos institucionales de gala, los eventos de representación
donde el traje es la indumentaria prescrita, son los contextos que admiten el boutonniere.
En estos casos, la discreción debe primar sobre la expresividad. Una
composición simple, de una o dos flores, en tonos blancos, crema o verde es
siempre la opción más segura y la que produce resultados más correctos.
Celebraciones y eventos
especiales
Bautizos, comuniones,
graduaciones y celebraciones familiares de importancia son también contextos
donde el boutonniere suele admitirse, aunque a mí no me parece que resulte
apropiado y en estos casos, el rango cromático puede ser algo más amplio.
IV. CÓMO COMBINARLO: FLORES, COLORES Y TRAJE
La relación más importante que
debe gestionarse es la del color de la flor con el color del traje. La regla
general es que sobre trajes oscuros, azul marino o gris, las flores blancas y
crema producen el contraste más limpio y más elegante. Sobre trajes en tonos
medios, grises, azulón o beige y lino, el rango cromático de la flor puede
abrirse hacia el salmón, el malva, el amarillo o el verde. Sobre tweed y
tejidos rústicos de campo, no es procedente su uso.
La corbata y el boutonniere
comparten el eje vertical central del traje por lo que su relación cromática
debe ser muy armónica. Lo más habitual y lo más seguro es que la flor recoja un
color presente en la corbata, no el color dominante sino un tono secundario o
el fondo del estampado. Esta coordinación crea una armonía visual dando la
sensación que el conjunto es natural sin nada que parezca forzado.
Cuando la corbata es lisa y de
color sobrio, la flor tiene más libertad para introducir un tono propio que
enriquezca el conjunto. Cuando la corbata tiene estampado la flor debe ser más
contenida en el color, preferiblemente en blanco o crema, para no añadir un
tercer elemento cromático que el conjunto no puede gestionar sin perder unidad.
La escala: el error más frecuente
La escala del boutonniere en relación con el traje y con la solapa es la variable que más directamente determina si el resultado es elegante o excesivo. Un boutonniere demasiado pequeño pasa desapercibido y pierde su función, aunque siempre es preferible uno pequeño antes que un boutonniere grande:
Uno demasiado grande compite con la solapa, con la corbata y con el rostro del portador, y produce un efecto que resulta más propio de la floristería que del guardarropa masculino. El rango correcto se sitúa entre los cinco y los ocho centímetros de diámetro para la parte floral, excluyendo el tallo. Una sola flor con follaje limitado o un ramito de tres a cinco elementos en composición compacta es lo correcto, y en ningún caso algo que sobresalga del borde del hombro:
...y que tampoco sobresalga del borde de la solapa o que llegue al bolsillo del pecho:
El pañuelo y el boutonniere
Hay una tensión que raramente se aborda en los textos sobre boutonniere y que sin embargo cualquier hombre que haya intentado llevar ambas piezas simultáneamente la habrá sentido seguramente. El pañuelo de bolsillo y la flor en la solapa comparten un espacio muy reducido, por lo que genera tensiones estéticas. Cualquiera puede observar que en un espacio tan reducido, se necesita decidir cuál de los dos merece más atención. Si ambos están bien elegidos y guardan una relación cromática coherente entre sí y con el conjunto, esa decisión se resuelve sin esfuerzo y el resultado es un traje de gran riqueza visual. Si no la guardan, el resultado es una acumulación de detalles que se anulan mutuamente y que producen exactamente el efecto contrario al buscado.
La regla que organiza esta
convivencia es sencilla en su enunciado aunque exige cierta práctica en su
aplicación. Cuando se llevan boutonniere y pañuelo juntos, uno de los dos debe
ceder el protagonismo al otro. En la mayoría de los casos, la flor es el elemento
de mayor carga simbólica y de mayor presencia visual, por lo que el pañuelo
debe subordinarse a ella. Esto se traduce en una elección concreta consistente
en que el pañuelo blanco liso bien doblado es el compañero ideal para casi
cualquier boutonniere, porque aporta la nota de blancura que el bolsillo del
pecho necesita sin añadir ningún argumento cromático propio que pueda
interferir con la flor.
Cuando el pañuelo tiene estampado o color, la situación se complica considerablemente. Un pañuelo de seda con estampado geométrico o floral junto a un boutonniere de flores naturales produce una saturación de patrones en la zona del pecho que resulta difícil de gestionar satiosfactoriamente. No es imposible, pero exige que la relación entre los colores del pañuelo y los de la flor sea muy precisa, casi calculada, y que el tejido del traje sea suficientemente neutro como para no añadir un tercer argumento. En la práctica, quien no tenga mucha experiencia en la combinación de estos elementos hará bien en optar por el pañuelo blanco liso y reservar el pañuelo de color para las ocasiones en que no lleve boutonniere.
Existe además una norma
fundamental. Cuanto mayor es el boutonniere en volumen y más variado en color,
más necesario resulta que el pañuelo sea discreto. Una composición de flores
mixtas en tonos vivos demanda un pañuelo que prácticamente desaparezca en el
bolsillo. Por el contrario, un boutonniere de paniculata o de una sola flor
pequeña en tonos blancos admite un pañuelo algo más expresivo sin que el
conjunto pierda unidad. La proporción inversa entre ambos elementos es la que
produce los resultados más equilibrados, lo que significa que a más
protagonismo de la flor, menos protagonismo del pañuelo, y viceversa.
Hay por último una situación que merece mención explícita porque aparece con más frecuencia de la que debería, y es la del pañuelo muy voluminoso, doblado en punta alta o en múltiples puntas, llevado junto a un boutonniere de tamaño medio o grande. En ese caso, la zona superior del traje concentra tal cantidad de elementos y de volumen que provoca saturación, y ninguno de los dos elementos puede ser el protagonista porque ambos reclaman la atención con la misma intensidad. La solución no está en eliminar uno de los dos, sino en reducir el volumen del pañuelo hasta que ocupe su lugar. Un pañuelo que asoma discretamente por el borde del bolsillo es, en presencia de boutonniere, siempre es el resultado deseable:
Las flores secas
Las flores secas han pasado de
ser una solución de emergencia a convertirse en una opción de estilo con
entidad propia. Su textura, sus tonos apagados y su aspecto artesanal las hacen
especialmente adecuadas para determinados contextos donde la flor fresca
resultaría demasiado formal o demasiado convencional, como bodas campestres. La
lavanda, la margarita seca, el trigo, el algodón en rama y las flores de papel
son los materiales más habituales de este tipo de boutonniere, que se ata
habitualmente con cordón de yute o cuerda natural en lugar del clásico alambre
forrado en cinta:
V. LOS ERRORES QUE NO DEBEN COMETERSE
El boutonniere es un elemento de
gran poder cuando está bien ejecutado y de igual poder cuando falla. Los
errores en su elección o en su colocación son inmediatamente perceptibles para
cualquier observador con cultura sartorial, y algunos de ellos producen un
efecto que contradice completamente el propósito de la pieza.
El problema del boutonniere es que existe una delgada línea
entre lo que puede considerarse un detalle interesante o un esperpento ridículo.
1º) El boutonniere excesivo
El error más grave y el más
frecuente es el de la escala desproporcionada. Un boutonniere que supera el
tamaño de la solapa, que incluye más de cuatro o cinco elementos florales, que
tiene un volumen que lo hace visible a diez metros de distancia, ha dejado de
ser un boutonniere para convertirse en una especie de ofrenda floral. El traje no está
sirviendo de base para una flor elegante sino de soporte para una composición
que tiene vida propia al margen del conjunto, y que parece una floristería andante. La causa habitual de este error
es la confusión entre el boutonniere masculino y el ramo de la novia o los
centros de mesa:
2º) La colocación incorrecta
El boutonniere se porta sobre la solapa izquierda, sujeto por el reverso mediante el pin correspondiente, con la composición floral apoyada sobre el tejido y el tallo orientado hacia abajo. No en el bolsillo del pecho, que está reservado al pañuelo y cuya función visual es completamente diferente:
Tampoco se debe poner en la solapa derecha, donde la flor carece de referencia y de sentido, nunca debe sujetarse con cinta adhesiva, hilo visible o cualquier mecanismo que resulte aparente desde el exterior:
3º) La flor artificial
La flor artificial, salvo en la
versión de flores de papel de alta artesanía que algunos floristas
especializados producen para bodas con estética específica, no tiene lugar en
el boutonniere de un hombre vestido con criterio. El boutonniere es, entre otras
cosas, una declaración de atención y de cuidado. La flor fresca tiene una
impermanencia que forma parte de su mensaje, y es que se lleva ese día, para
ese momento, y cuando acaba el día también acaba ella:
Esto será un adorno, pero no un boutonniere
4º) La combinación sin criterio cromático
Elegir la flor sin considerar su
relación con el traje, la corbata y el conjunto es el error conceptual más
fácil de cometer y el más difícil de corregir una vez que el boutonniere está
colocado. Una flor de color intenso sobre un traje igualmente intenso produce
una saturación que ninguna flor puede sobrevivir elegantemente. Una flor de
tonos pastel sobre un traje de campo en tweed oscuro se pierde visualmente sin
aportar nada. La relación entre la flor y el conjunto debe pensarse con la
misma atención que se dedica a la elección de la corbata o del pañuelo:
Un boutonniere que ha perdido su
frescura, que está caído, mustio o con los pétalos deteriorados, es peor que
ningún boutonniere. La flor debe llevarse en perfectas condiciones desde el
inicio hasta el final del evento. Para garantizarlo, conviene retirarla del
agua lo más tarde posible antes del acto, mantenerla envuelta en papel húmedo
hasta el momento de colocarla y, si el evento es muy largo, encargar dos para
poder sustituirla a mitad de la jornada:
VI. EL BOUTONNIERE SIN CORBATA
El contexto contemporáneo ha
normalizado el traje sin corbata en prácticamente todos los registros excepto
el de máxima etiqueta, y en algunos casos el boutonniere se ha adaptado erróneamente
a esa triste realidad:
VII. CONCLUSION
El boutonniere muy discreto y bien llevado puede expresar que un evento es importante, y significa que quien lo lleva ha pensado en el conjunto hasta el último detalle, ha elegido la flor con el mismo cuidado con que ha elegido el traje y sabe que en el vestir de ceremonia no existen los detalles menores, solo existen los detalles que se cuidan y los que se descuidan.
En un mundo donde la atención al
detalle en el atuendo masculino es cada vez más infrecuente, esa declaración
tiene un peso que va más allá de la estética. Es una declaración de respeto
hacia el evento, hacia las personas que en él participan y hacia uno mismo. Una
flor en la solapa que ha sido elegida con criterio, colocada correctamente y
llevada con naturalidad no es nunca un exceso, aunque he de confesar que este recurso a mi particularmente no
me gusta y nunca lo he utilizado, en su lugar he llevado alguna vez pequeñas flores de fieltro en el ojal, que obedece a un concepto muy diferente y que, por su discreción, tiene unas normas particulares por las que se rige de las que hablaremos en su momento.
LUCIO RIVAS




















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