sábado, 3 de octubre de 2026

LA CHAQUETA CIGARRERA

 

La que aquí denomino chaqueta cigarrera, ya que carece todavía de un nombre universalmente acordado, y se trata de una denominación que he tenido que acuñar ante la inexistencia de una identificación particular, no pertenece al mundo de la moda pasajera, sino al de la solución que se ha incorporado al vestuario con la naturalidad de quien resuelve un problema con estilo.

Quienes somos fumadores de cigarros muchas veces hemos portado un puro de la guisa que se refleja en esta imagen, es decir, en el bolsillo destinado al pañuelo, que es la solución más corriente, y seguramente una de las menos indicadas para dar el trato adecuado a un cigarro:


I. EN QUÉ CONSISTE 

El elemento definitorio de esta prenda es que consta de uno o varios bolsillos, o más exactamente una batería de bolsillos tubulares cosidos en el pecho, cada uno de los cuales está destinado a alojar un puro. La imagen inicial pone de relieve la silueta de esos cilindros asomando sobre la tela que supone algo premeditado que se lleva sin disimulo, y yo que soy un habitual fumador de cigarros no puedo permanecer estar al margen de esta ingeniosa y atrevida solución.

II. EL ORIGEN

La genealogía de esta prenda tiene un nombre propio, el del Barón Enrico di Portanova, conocido en los círculos de la alta sociedad como "Ricky", que fue un heredero del petróleo tejano que hizo de la extravagancia un estilo de vida. Vivía entre Houston, Roma, Acapulco y Montecarlo y su afición a los cigarros era tan intensa como su desdén por cualquier forma de discreción.

En 1981 fue fotografiado en Montecarlo luciendo una chaqueta de lino verde menta con dos filas de bolsillos tubulares en el pecho, cada uno con un puro. La imagen circuló entre los aficionados al tabaco con la misma velocidad con que circulan hoy las fotografías en las redes sociales, aunque por entonces el vehículo fuera la prensa especializada.


El Barón Ricky di Portanova en la fotografía que inspiró la prenda 

Harris Reiss, sastre y antiguo vendedor de cigarros, quedó fascinado por aquella prenda y años después encargó su réplica a un artesano romano, con seis vainas en el pecho y posibilidad de personalizar el diámetro de cada una según la vitola preferida del cliente. El precio, trescientos cincuenta dólares, que no fue disuasorio para quien cuida sus habanos con la misma atención que su guardarropa.

III.  CARACTERISTICAS

El bolsillo cigarrero no es, en rigor, un bolsillo. Es una vaina, o más precisamente un tubo de tela cosido verticalmente sobre la pechera de la chaqueta o la camisa, abierto por arriba para permitir que el puro entre y salga sin rozar el capote. Algunos modelos llevan dos vainas en cada lado del pecho, lo que permite portar cuatro puros. Los más generosos llegan a cinco o seis, formando una fila que ocupa toda la anchura del bolsillo superior.

La tela de las vainas es siempre la misma de la prenda, lo que las integra con sobriedad en el conjunto. No son un añadido postizo ni un accesorio externo, sino una solución estructural pensada desde el diseño original. En las versiones más refinadas, el tubo está ligeramente reforzado en su interior para que el puro no aplaste la tela ni deje marcas permanentes.


El bolsillo cigarrero resuelve un problema real que todo aficionado a los cigarros conoce bien. Los puros no caben en los bolsillos convencionales sin riesgo de quebrarse. Los estuches de viaje son engorrosos y ocupan espacio. La funda individual de cuero tiene su elegancia, pero bien se limita a un solo puro, o si son más, es complejo de portar. La vaina cosida en la pechera, en cambio, permite llevar hasta media docena sin que se toquen entre sí, sin que sufran humedad ni presión, y con la ventaja añadida de que quedan a la vista como un ornamento funcional.

IV. LA CHAQUETA SAFARI COMO SOPORTE MAS NATURAL

No es casual que las versiones más logradas de la chaqueta cigarrera sean variaciones sobre la safari jacket. Esta prenda, de origen militar británico y adopción civil a lo largo del siglo XX, tiene en sus cuatro bolsillos de fuelle la estructura perfecta para alojar vainas cigarreras sin que el conjunto resulte recargado. Los dos bolsillos del pecho, de parche y con solapa abotonada, admiten sin esfuerzo la inclusión de tres o cuatro tubos en lugar de la solapa convencional.


V. LAS VERSIONES MAS ACTUALES 

La idea ha tenido continuidad en el prêt-à-porter contemporáneo. La firma francesa Drôle de Monsieur ha lanzado lo que denomina "Cigare Jacket", una chaqueta de lana con acabado lavado en verde mar y bolsillo frontal de múltiples vainas, con botones de esmalte vintage y forro de satén. La referencia estética es explícita, ya que se trata de la Habana de los años cincuenta, cuando el habano era un símbolo de pertenencia a una clase que sabía disfrutar de la vida sin prisas:


En la categoría de estas chaquetas no incluímos aquellas otras chaquetas que poseen en su interior un bolsillo para portar los cigarros:


VI. UNA CUESTION DE DENOMINACION

En inglés la prenda se conoce indistintamente como "cigar jacket" o "cigar shirt", según la estructura sea de chaqueta o de sobreprenda ligera. En castellano no existe todavía una denominación consolidada. "Chaqueta cigarrera" creo describe bien el objeto sin necesidad de anglicismos, aunque también cabría llamarla "chaqueta de habanos", ya que comunmente se suelen llamar también habanos a los cigarros o puros, aunque muchos de ellos sean de Nicaragua o Dominicana.

Sea cual sea el nombre que acabe por imponerse, la prenda merece un lugar en el vocabulario del vestir clásico de caballero. No por su rareza, sino precisamente por lo contrario, porque expresa con precisión la idea de que el buen gusto no consiste en ocultar los propios placeres sino en integrarlos con imaginación en la composición del conjunto. El caballero que porta sus habanos en la pechera los exhibe con naturalidad y ello se convierte en una carta de presentación sobre sus aficiones y sus pasiones. El barón di Portanova lo entendió antes que nadie. Y lo entendió, nada menos, que en Montecarlo, que no es mala plaza para entender estas cosas.

 LUCIO RIVAS





 




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