Este accesorio pertenece a la
categoría de los imprescindibles en el armario del caballero y que, al ser un elemento
básico, todo el mundo posee y, sin embargo, después de escribir casi cuatrocientos
artículos no le había dedicado uno a este complemento tan común y esencial.
La corbata lisa azul marino resuelve
problemas aparentes con mucha eficacia. La corbata azul marino no es una moda
pasajera, y el papel que desempeña es porque funciona con prácticamente
cualquier cosa que el hombre elegante pueda ponerse, desde el traje de raya
diplomática hasta la chaqueta de tweed multicolor, pasando por la blazer cruzada
y la americana de cuadros.
I. EL COLOR
El azul marino ocupa en el
espectro cromático del vestuario masculino una posición privilegiada porque es
simultáneamente oscuro y cálido, puede ser formal e informal a la vez, lo que
le otorga un carácter de máxima versatilidad. Esto explica su comportamiento
ante las distintas familias de colores con que debe combinar. Frente a los tonos
azules, la corbata lisa azul marino establece un juego de tonos que los
italianos llaman “tono su tono”, que viene a designar la técnica de
componer un conjunto usando distintas piezas del mismo color o familia
cromática, pero con variaciones en el valor tonal, es decir, en la luminosidad
u oscuridad, o en la textura del tejido. En la práctica significa, por ejemplo,
vestir una camisa azul claro con una corbata azul marino y una chaqueta azul
intermedio. Las tres piezas son azules, pero cada una ocupa un escalón distinto
en la escala de oscuridad. El efecto buscado es la armonía por proximidad
cromática, que es lo contrario del contraste, pero evitando la monotonía
mediante esas diferencias de valor y de textura. En castellano se diría “tono
sobre tono” o “gama de tonos”. La ventaja de esta combinación es que el azul
marino siempre es el elemento más oscuro de la composición y, por tanto, el que
sirve de nexo de unión al conjunto.
Por otro lado, frente a los
grises funciona como un acento cromático sin quebrar la armonía. Frente a los
marrones y los castaños, aporta la nota fría que evita que el conjunto resulte
demasiado monótono y, frente a los blancos y cremas, produce siempre unos contrastes
nítidos y elegantes.
II. LA CORBATA DE SEDA Y LA CORBATA DE PUNTO.
La corbata de seda de color azul marino liso tiene una caída diferente, un brillo discreto y una presencia más formal. Su cara plana y su nudo más compacto la hacen apropiada para composiciones que buscan cierto rigor, como es el traje de raya diplomática azul marino con camisa blanca, donde la corbata de seda oscura se integra en un conjunto monocromático, o la chaqueta de pata de gallo en blanco y negro, donde la corbata de seda hace las veces de árbitro en una composición de alto contraste
III. TIPO DE COMBINACIONES
1º) Con el traje azul marino. La corbata
azul marino con traje azul marino es sumamente elegante. El traje de raya
diplomática aporta verticalidad y movimiento. La corbata, por su parte, es lisa
y ligeramente más oscura. El pañuelo blanco en el bolsillo y el reloj de correa
marrón evitan cualquier monotonía. El efecto es el de un conjunto coordinado donde
la corbata actúa como remate natural del azul sin otros tonos que provoquen distracciones
innecesarias:
2º) Con una blazer y pantalón gris. Una de las combinaciones más sólidas del vestuario masculino. El azul marino arriba, el gris abajo, y la corbata de punto como elemento que subraya el color de la blazer:
3º) Con chaqueta de cuadros azul marino. La chaqueta denominada windowpane en azul marino con corbata de punto también azul marino y camisa blanca o celeste supone un ejercicio de ”tono su tono”. La clave de que el conjunto no resulte monótono es la diferencia de textura entre los elementos que concurren, mientras que el blanco del pañuelo se encarga de romper el continuo azul:
4º) Con chaqueta de cuadros gris y sobrecuadro (también conocido como “overcheck”) azul. La chaqueta de lana gris con sobrecuadro azul vivo, camisa celeste y corbata azul marino ñparte de la premisa de que la corbata recoge el azul del sobrecuadro y lo lleva hasta su extremo más oscuro, actuando como denominador común entre el gris del tejido y el azul de las líneas. El resultado es una composición perfectamente armónica en la que la corbata estructura la armonía del conjunto:
5º) Con chaqueta de cuadro príncipe de gales azul grisáceo. La americana en príncipe de Gales azulado con camisa azul y corbata de punto azul marino, es una combinación de tres elementos con el azul como denominador común, pero con diferentes valores de luminosidad. Coexisten tres tonos de azules: más claro, intermedio y oscuro. El pantalón blanco rompe el esquema monocromático y alivia la carga del conjunto:
6º) Con cuadro ventana azul marino y marrón. La chaqueta de cuadro ventana en azul oscuro con sobrecuadro en marrón tabaco, camisa blanca y corbata de punto azul marino consigue que la corbata punto desaparezca casi sobre el fondo de la chaqueta, creando un efecto de profundidad inusual. En este casi yo no hubiera elegido el pañuelo de paisley en tonos marrón y azul que, aunque su intención es hacer de puente entre la chaqueta y la corbata, no es fácil de conseguir. Yo particularmente me hubiera decantado por un pañuelo blanco como la camisa para aliviar de tensión opaca del conjunto:
7º) Con el traje gris y camisa de cuadro vichy azul. En estos casos la chaqueta gris la corbata tiene aquí un cometido muy preciso, y es resolver la ecuación entre el gris neutro del traje y el azul intenso de la camisa. Para ello debe tomarse el color más intenso de la camisa y llevárselo al extremo oscuro, con la finalidad de unificar el conjunto sin crear desequilibrio alguno:
8º) Con chaqueta de pata de gallo oscura y chaleco beige. En este caso el chaleco actúa como elemento de separación entre la chaqueta oscura y la corbata oscura, evitando que la zona del pecho resulte demasiado densa desde un punto de vista cromático. La corbata de punto, por su textura, armoniza muy bien con el chaleco, probablemente mucho mejor que con una corbata de seda:
9º) Con una chaqueta de tweed multicolor y chaleco verde. Esta combinación es la más atrevida del conjunto: un tweed de otoño en tonos ocre, burdeos y verde, con chaleco verde botella, camisa de rayas azul celeste y blanco. Aquí la corbata azul marino ejerce una función que bien podríamos denominar como de solidez cromática, esto es, que ante la riqueza de colores de la chaqueta, la corbata de punto azul marino aporta la referencia oscura que equilibra los tonos del tweed:
10º) Con chaqueta camel y camisa de rayas azules. Aquí la corbata establece el contrapunto cromático que el camel necesita para no resultar excesivamente cálido. El verde lima del pañuelo demuestra que el azul marino de la corbata soporta sin problema los acentos de color más inesperados:
IV. EL PRINCIPIO EN QUE SE FUNDAMENTA
Lo que demuestran estas
fotografías no es que el azul marino combine con todo, afirmación que por su
generalidad resulta casi inútil. Lo que demuestran es algo más concreto, y es
que el azul marino funciona como elemento regulador en composiciones de muy
distinta naturaleza, porque tiene la propiedad de absorber el color que lo
rodea y devolverlo condensado y oscurecido, con lo que da armonía al conjunto sin
caer en monotonía.
El principio que opera en todos los casos es el mismo, y consiste en que la corbata azul marino es el punto más oscuro del eje vertical del conjunto, y por eso da la impresuiçón de una imagen sólida y compacta. Esta es su virtud de utilizar así esta prenda, ya que lejos de parecer un complemento supuesta neutral tiene una personalidad propia, pero es tan flexible que se adapta a casi cualquier entorno.
V. NOTA SOBRE LA TEXTURA Y EL NUDO
La corbata de punto tiene el
extremo recto por construcción, lo que elimina la punta clásica y aporta un
acabado de mayor informalidad. Esto no es un defecto sino una característica
deliberada que casa bien con las chaquetas sport y los conjuntos de fin de
semana. El nudo más apropiado para la corbata de punto es el de cuatro,
sencillo y asimétrico, con una pequeña hendidura en el centro que subraya la
textura del tejido.
La corbata de seda admite una
gama más amplia de nudos. Para las composiciones más formales, el medio windsor
aporta una simetría que complementa los tejidos de rayas y cuadros. Para las
composiciones más sueltas, el cuatro in hand de siempre, con su
asimetría natural, resulta más apropiado.
En ambos casos, la lección que
transmiten estas fotografías es que el azul marino no es siempre una elección
de seguridad. Es una elección muy inteligente que en determinados casos exige
cierto atrevimiento.
LUCIO RIVAS
















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